La historia de Federico Zamora, un hincha del Deportivo que viajó desde Argentina para ver el ascenso
Por Isa García · Publicado el · Actualizado

Federico Zamora, un hincha del Deportivo de La Coruña de 78 años, relata su pasión por el club, heredada de su padre y abuelo. Ha viajado desde Argentina para ver al equipo ascender a Primera División, recordando momentos clave como el penalti de Djukic en...
Un viaje para celebrar el ascenso
En 1994, desde Nueva York, Federico Zamora cogió un vuelo hacia España. Jugaba el Deportivo en casa. Su Dépor. En disputa, ganar la Liga. La primera para un club que, poco antes, acababa de regresar a la élite: "Llamé a mi tío, me dijo que era imposible conseguir una entrada, pero al día siguiente las logró por Bebeto. Compramos los pasajes, casi sin dormir, de ese penal no me olvido jamás. Fue terrible, una tristeza". A sus 78 años recuerda aquella anécdota como si no hubiese supuesto esfuerzo. Fue "un viaje relámpago" porque volvía al día siguiente a Estados Unidos. Pero aquel hombre tenía una pasión heredada de su padre, que también se llamaba Federico, igual que su abuelo y como tiempo, después bautizó a su hijo, cuatro generaciones unidas por el sentimiento blanquiazul: "Es más que una adicción".
En la grada de Valladolid, miles de aficionados festejaban con pasión el ascenso del Deportivo a Primera. Ocho años después, el conjunto blanquiazul estaba de vuelta. En un lateral de tribuna, la familia Zamora se abrazaba con pasión. Federico padre y Federico hijo. En el recuerdo, _el abuelo_, un coruñés que a finales de los años 40 emigró a Argentina. "Cuando le preguntaban de qué equipo era, siempre decía el Deportivo. ¿Y dentro de Argentina? Nada, siempre el Deportivo", explica su nieto, el último en la saga (tiene dos hijos, pero con distinto nombre).
Un sentimiento hereditario
Aquella pasión la heredó un Federico que, a sus 78 años, cruza el charco todos los años para ver a la parte de su familia que está en A Coruña. Y, por supuesto, para acudir a Riazor. Su hijo, que nació en Argentina, estudió en Santiago y a principios de los años 2000 se asentó en la ciudad. La historia de su familia es la de muchos emigrantes gallegos que, tras la Guerra Civil en España, tuvieron que abandonar su tierra. Venezuela, Cuba, Uruguay y, por supuesto, Buenos Aires, fueron algunos de los destinos. "Mis primeros recuerdos son los que me transmitía mi padre. Yo nací aquí, en la ciudad Vieja, nos fuimos en el año 49", rememora. Su amor al club fue herencia de una familia deportivista. Por aquel entonces, solo transmitida a través de la palabra y, tiempo después, la prensa: "Comprábamos el periódico, que llegaba varios días tarde. Solo había un punto en Buenos Aires que lo tuviese". Con 16 años regresó por primera vez a A Coruña y, con el paso del tiempo, repitió hasta convertirlo en un camino habitual. Ahora recorre la Ciudad Vieja, donde descansan las cenizas de su padre tras ser esparcidas.
_el abuelo_, quien tomó la decisión de emigrar en busca de una vida mejor, era un apasionado del Dépor y del fútbol. "Me hablaba de jugadores como Acuña, que era portero", rememora. Federico, el joven, ataviado con una camiseta firmada por Bebeto, apunta que llegaron a jugar juntos: "Jugaban en un barrial, me contó que iban por Sada o distintos sitios y jugaban por dinero. Acuña era un chavalín, mi abuelo era algo mayor". Tiempo después Juan Acuña se convertiría en una leyenda del club.
La historia de la familia Zamora con el Deportivo
"Mi historia con el Dépor nació por el amor que tenía mi padre al club, por el amor a su tierra, que también es mía. Por más que uno se haya quedado a vivir en Argentina, se extraña mucho, cada vez que puedo venir, vengo", cuenta Federico Zamora, quien, rozando los 80 años, viajó desde Argentina exclusivamente para ver al Deportivo ascender en Valladolid. "No podía fallar", explica sobre una decisión tomada hace una semana, a pocos días del encuentro. No tenían entrada, hasta que el sábado les surgió la posibilidad de comprar dos: "Volé el viernes, llegué el sábado a la tarde. Al día siguiente, a Valladolid".

Este domingo, padre e hijo volverán a disfrutar del Dépor ante Las Palmas: "Vamos a terminar esta etapa tan bonita del Dépor. Ocho años fuera de Primera, sobre todo por la cantidad de aficionados, es una ciudad entera detrás de un equipo. Es muy fuerte".
La distancia no ha impedido que Federico siga el día a día del Deportivo. Por la televisión o "por la radio" cuando los partidos no se retransmitían. El conjunto blanquiazul es una forma de reconectar con sus raíces. De sentir de nuevo a su familia. Por los que están en la distancia, y por los que ya se han ido. "En la mesa de mi casa, de mis abuelos, cuando yo era pequeño, el Dépor siempre estaba en primer plano, y sigue estando, de ahí viene nuestra afición", rememora el menor de los _Federicos_, quien convivió con la pasión de su abuelo, el culpable de toda esta cariño trasladado en la sangre: "En casa de mi abuelo había carteles que ponían: 'La Coruña, la ciudad en la que nadie es forastero', es el recuerdo que tengo de pequeño. Siempre mamé Galicia".
A Coruña, un lugar especial para los jugadores argentinos
La conexión de la ciudad con Argentina se ha trasladado también al césped. En Riazor, son muchos los jugadores de la albiceleste que triunfaron y dejaron huella. También, la ciudad les marcó a ellos. En los últimos años, el gran exponente de esta pasión es Lionel Scaloni, campeón del Mundo en 2024, y quien siempre ha declarado que algún día quiere entrenar al Dépor. "Sería increíble verlo aquí, vengo más seguido".
El Superdépor marcó a muchos aficionados. También a Federico, que considera que aquello, además de un "equipazo" fue "algo extraordinario": "Fue el primer equipo que pudo hacerle sombra al Real Madrid y al Barcelona. Era impensado. Era un plantel extraordinario".
Si hay algo que ha enamorado a Federico es, en especial, la afición. "Algo que no se ve en muchos lados". Ni siquiera en Argentina. Él, hincha y exdirectivo de San Lorenzo, cree que en A Coruña hay incluso más "pasión". Una pasión, además, destaca su hijo, "de todas las familias", porque aquí "se vive de otra manera, lo vive la ciudad entera". También, en la suya, donde su tío es otro gran seguidor: "Viene en la sangre. Eso entró... y se irá el día que no estemos sobre esta tierra".
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